Lecciones que nos deja la vida. Acerca de una huelga de pilotos.

Ante la declaración de ilegalidad de la huelga de los pilotos de Avianca, se hace necesario que aquellos sectores de asalariados altamente calificados reflexionen sobre su verdadero lugar en la estructura de la organización social capitalista y en el conjunto de las luchas sociales y sobre su necesaria vinculación a la coordinación y unidad de todos los trabajadores colombianos.


Fuente imagen: Pulzo

A pesar de que la realidad sea dura, los seres humanos nos las arreglamos para buscar excusas con el propósito de intentar contradecir la ciencia. No vacilamos en poner en tela de juicio los fundamentos de la investigación científica para satisfacer nuestro ego, condicionado por los valores que la clase dominante impone al resto de la sociedad, con la misma constancia con que lo hace el fumador dominado por el vicio, quien le teme más a la falta de nicotina que al riesgo de contraer cáncer y termina diciendo que si este lo afecta es debido a “la voluntad divina”.

Nuestro capitalismo, dependiente de las potencias imperialistas, no ha tenido el desarrollo clásico de las naciones dominantes. En nuestra sociedad sobreviven formas de producción de bienes que conservan relaciones o procesos tecnológicos que tuvieron vigencia en la sociedad feudal, los cuales por la vía del dominio del capital financiero se hallan integrados al modo de producción imperante en el mundo. Esta limitación no es un problema derivado de la falta de habilidad de la burguesía dominante, sino de las condiciones que imponen los monopolios dominantes en la fase superior del capitalismo.

La sociedad capitalista surge de la muy estratificada sociedad feudal. En efecto, la nobleza gobernante estaba compuesta por varias capas identificadas con títulos, mientras que la población de productores se dividía igualmente en siervos de la gleba, artesanos, maestros, ayudantes, etc.

Estas clasificaciones no desaparecen de un plumazo, sino que van transformándose en la medida en que el desarrollo de los medios de producción lo permiten en las dos clases fundamentales de la sociedad capitalista; pero, aun en el seno de estas modernas clases sociales, se evidencia la existencia de sectores que parecen perpetuar los vestigios de una estratificación en vía de extinción.

Marx definió al proletario como el obrero moderno que vive de la venta de su fuerza de trabajo y que no es propietario de medios de producción, pero también como el que trasforma los medios de producción en mercancías. El burgués, ha pretendido durante toda su existencia justificar su derecho a expropiar el fruto del trabajo del obrero, partiendo de la consideración de que ser propietario de los medios de producción lo hace un ser superior, le da derecho a mandar sobre el resto de la sociedad y a calificar a los seres humanos por la importancia que tiene su papel en la producción y realización de las mercancías, herramienta muy eficaz para mantener dividida a la clase obrera.

Para el burgués es importante dejar claro que el proletario es un ser inferior en la escala social; en ese sentido, serlo debería avergonzar a cualquier integrante de la sociedad. Esto se liga a la visión de que el trabajo material es para los seres indignos, considerados ignorantes y despreciados por el entorno de “los seres de bien”, por lo que se debe establecer una clara diferencia entre quienes realizan trabajo intelectual y los obreros “brutos” que se encargan del trabajo material, aunque también entre estos se establecen diversas formas de estratificación: el jefe o capataz está por encima del operario y este, a su vez, es superior al trabajador de servicios generales, y el profesor que les enseñó a ellos el proceso de trasformación de la materia prima no es obrero, sino que se da ínfulas de intelectual.

En la industria del transporte aéreo, estas divisiones han tenido durante años cama segura. Así, el (la) aseador(a) del avión es el (la) que ocupa la escala más baja de la pirámide. Por encima están los técnicos de las actividades de soporte y luego vienen los técnicos de aviación. Por encima de ellos ―y ya sin ser considerados obreros― se encuentra el personal de atención al público y luego las tripulaciones de los aviones con una división muy parecida al escalafón militar, auxiliares de cabina, copilotos y pilotos, los cuales ostentan el grado de capitán. En Avianca, particularmente, todas estas escalas son visibles porque los empleados portan uniformes claramente diferenciados.

Muy lejos están los escalones superiores de sentirse proletarios. Pero, demos una mirada a la definición básica que Marx nos deja como resultado de su investigación de la ciencia económica: ¿Es el piloto o alguno de los tripulantes dueño de la empresa o, al menos, propietario del avión? ¿Constituye su participación en el producto la totalidad del producido, al menos de un vuelo? ¿O se reduce a un salario, recibido a cambio de una determinada cantidad de horas de vuelo?

Es evidente que, a la luz de la definición científica, el piloto es un proletario altamente calificado, pero ningún piloto (y esto es igual para las demás profesiones: ingenieros, investigadores científicos, médicos, etc.) aceptará esa definición que lo iguala en el estatus social a los demás explotados del mundo.

¿Que por esa alta calificación recibe mejor salario? Otra mentira fabricada para ocultar la cruel realidad: gracias a su alta calificación el piloto es quien puede garantizar que esa mercancía llamada pomposamente servicio de trasporte aéreo se convierta en realidad. Esto significa que dentro de la cadena de actividades que hacen posible la existencia de esta mercancía es un actor sin el cual la mercancía no se puede realizar, es el personaje clave y se le paga mayor salario porque es el más explotado.

Hace ya varios años el compositor de música campesina Jorge Veloza compuso un versito que hace mucho no canta, pero que vale la pena recordar:

[S]i el patrón te paga un peso,
es porque te roba diez,
y si diez te está pagando,
es porque te roba cien.

Compañero piloto: Efromovich no le deja pilotar un aparato que vale varios cientos de millones de pesos porque lo considere un amigo ni porque le tenga mucha confianza. Lo ha hecho porque necesita que su conocimiento se traduzca en ganancias, de forma tal que le permita acumular más capital. Desde 1848 la economía descubrió estas verdades, y hace más de cuarenta años Veloza cantaba ese versito, seguramente antes que de hubieran nacido muchos de los pilotos que hoy tienen que salir a marchar al lado de los demás proletarios para garantizar el respeto de sus derechos.

En la historia de ACDAC hay varios hechos que seguramente no muchos retengan en la memoria: ¿Cuántas veces los pilotos negociaron solos, al margen de los demás trabajadores de Avianca? ¿Es eso hoy aún posible? La ciencia económica nos enseña otra cosa: Con el paso del tiempo el capitalismo entra en crisis y la única forma de mantenerse a flote es llevando a la pauperización a amplias capas de la sociedad y, en consecuencia, el proceso de proletarización de las capas medias de la sociedad se torna inevitable. La evidencia física de este aserto la estamos viendo actualmente en la situación de todos los profesionales colombianos; de ello dan fe los hechos vividos en esta jornada de lucha de los pilotos colombianos.

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