El neoliberalismo... ¿contrataca? El asalto de la Sinrazón (de Pinochet a Bolsonaro) - (Primera parte)

Tal y como sucedió con la elección de Donald Trump en los Estados Unidos, la llegada de Jair Bolsonaro como nuevo presidente de Brasil volvió a activar los oráculos de los entusiastas. Diferentes análisis pretenden una vez más presentar la coyuntura como una realidad ex novo e inédita, archivando –ciertamente, desestimando peligrosamente– la reflexión histórica.

Frente a las predicciones del año pasado, hoy falseadas por los hechos del presente, sobre el "anti-neoliberalismo" de la administración Trump, el cual, además, según estas especulaciones, marcaría una supuesta nueva época des-globalizadora, distintos círculos intelectuales (incluyendo varios autoproclamados de izquierda) ahora salen al paso retomando otra ficción: el "regreso" del neoliberalismo. En ciertos casos, esta tragicomedia viene adosándose con varias hipótesis complementarias. Nancy Fraser ha indicado, a partir de la llegada de Trump, la disolución del neoliberalismo "progresista" (¡un oxímoron!) mientras que Christian Laval, hablando de Bolsonaro, sugiere su "momento hiperautoritario" (¿?).

La tesis general, en todo caso, eleva hoy como presupuesto de las reflexiones una especie de "contrataque" de la derecha neoliberal en América Latina y el Caribe que opera en esta lógica casi exclusivamente a través de los recientes mandatos presidenciales, materializando virtualmente el giro hacia la (ultra)derecha, posterior a una fantasiosa era post-neoliberal.

Esta idea viene (re)forzando a su vez la sensación de que en nuestra región el proyecto político neoliberal alguna vez estuvo en retirada. O al menos que, en algún momento, el neoliberalismo se habría puesto entre paréntesis. La causa eficiente de lo anterior –insisten sus defensores– tendría que ver con el influjo aparentemente transformador de los mal llamados "gobiernos progresistas", mote que sin distinción (ni reflexión, habría que agregar) intenta imponer la confluencia entre experiencias políticas diversas como la Revolución Bolivariana en Venezuela o el Socialismo del Suma Qamaña en Bolivia vis-à-vis los "Capitalismos en serio" de Argentina, Brasil o Uruguay en los tiempos de las duplas Kirchner, Lula-Dilma y Vásquez-Mujica.

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El neoliberalismo ha permanecido por casi medio siglo en celo. La coyuntura actual se explica menos por emergencias vírgenes aleatorias que por trayectorias económicas, políticas e históricas consolidadas. Por ello, y aunque se tenga conciencia sobre estos acontecimientos, parece ser una necesidad seguir insistiendo en la reconstrucción de los diagnósticos con el fin de superar este trance y recrear las alternativas políticas al capitalismo neoliberal.

1.El neoliberalismo que nunca se fue

Cuando hablamos de neoliberalismo resulta imposible desmarcar la referencia directa a América Latina y el Caribe.

El neoliberalismo es la fase actual, hoy vigente del capitalismo tardío. En este período se verifican con mayor fuerza e intensidades las dinámicas, lógicas y contradicciones históricas del sistema hegemónico: la explotación económica, la dominación política, la opresión social y, desde luego, la alienación ideológica.

La exacerbación de las contradicciones del capitalismo neoliberal como formación social resulta evidente. Día por día, los hechos se acumulan. Aportan pruebas irrefutables que confirman la progresiva pero paulatina crisis civilizacional que viene arrasando no sólo economías y gobiernos sino a la vida humana natural misma. Reflexiones teóricas y estadísticas empíricas, cada vez menos rebatibles, confirman el tránsito del capitalismo salvaje del siglo XX hacia el capitalismo cavernícola en el siglo XXI y, con ello, el triunfo del trabajo muerto sobre el vivo.

A pesar de constituirse como un proyecto económico político de carácter global, es en esta región periférica del sistema: América Latina y el Caribe, el lugar donde el neoliberalismo nace, crece, y recientemente… ¡se renueva!

Como ha sido planteado –entre otros, por Perry Anderson–, el neoliberalismo nace tempranamente en 1973 (11 de septiembre) con el golpe de Estado perpetrado contra el primer gobierno socialista elegido electoralmente, el de Salvador Allende en Chile. El autoritarismo, no la democracia, es su núcleo ab origine e impronta.

Posteriormente, el neoliberalismo crece a través de la "exportación" de su proyecto político hacia lugares del capitalismo periférico, siendo acogido por las dictaduras cívico-militares de esa época en Argentina y Brasil, entre otros. Durante finales de la década de 1970 y principios de la década de 1980 se reproduce en las zonas claves del capitalismo central (Inglaterra en tiempos de Thatcher y los EE.UU. en la era Reagan).

En la expansión del neoliberalismo intervienen múltiples dispositivos económicos y mecanismos políticos y culturales. Su afirmación global estuvo respaldada gracias a la transferencia de tipos y estilos de políticas públicas (modalidades de políticas económicas, sociales, etc.) ya aplicadas y aprendidas desde las experiencias originales en los países de la periferia latinoamericana y caribeña.

El tristemente famoso (primer) Consenso de Washington (CW) de 1989, elevó a cosmopolita global el paradigma de desarrollo neoliberal a una década de finalizar el siglo XX.

Aunque fue mal bautizado, no hay que dejar de señalar que el Consenso fue forjado, aplicado y celebrado nuevamente a semejanza y expensas de América Latina, aunque pensado como proyecto de clase global, es decir, para todo el mundo. El CW fue construido políticamente y perfeccionado tecnocráticamente con base en las experiencias socioeconómicas y políticas de los países de América Latina y el Caribe.

Su antecedente primordial fue el informe Hacia una renovación del crecimiento económico en América Latina, escrito a cuatro manos en 1986 por Balassa, Bueno, Simonsen y Pedro Pablo Kuczynski –presidente de Perú que dimitió recientemente– y encargado a tres instituciones: el Colegio de México, la Fundación Getúlio Vargas (Río de Janeiro, Brasil) y el Institute for International Economics ("Instituto de Economía Internacional, IIE, por sus siglas en inglés, con sede en Washington, EE.UU.); el IIE fue el Think tank ("tanque de pensamiento") organizador y, a la postre, el lugar en concreto donde se realizaron los encuentros que en 1989 dieron a luz la primera versión del CW.

Finalmente, el neoliberalismo, a pesar de no haber gozado de buena salud por un largo rato pero lejos de haberse ido en retirada, se renueva también desde América Latina y el Caribe.

Sin descontar que Nuestramérica es el lugar de enunciación tanto de las críticas al CW como de las contestaciones y luchas sociales antineoliberales más determinantes contra la hegemonía global en el recambio de milenios, también es el espacio en donde surgen las alternativas políticas contra el neoliberalismo de mayor resonancia en tiempos recientes.

La resiliencia del neoliberalismo, en todo caso, encuentra su reformulación local y regional (hoy globalmente) en la innovación política latinoamericana del capitalismo de época intentando relanzarlo con mayor brutalidad.

De ahí que la supuesta novedad de los autoritarismos de nueva generación durante la segunda década de este milenio, como Bolsonaro en Brasil, Macri en Argentina, Piñera por segunda vez en Chile, Uribe (por persona interpuesta bajo el actual gobierno de Duque), signifiquen mejor una continuidad lógica que se deriva de la impronta autoritaria radical (es decir, de raíz) que estrenaron las dictaduras cívico-militares de la década de 1970 a lo largo y ancho del subcontinente. Esta matriz económico-política no ha cesado, más allá de que ha sido disimulada y sistemáticamente ocultada, incluso, bajo los regímenes aparentemente democráticos (electorales) de los 1980 y 1990. En la actual coyuntura del nuevo milenio y conforme se profundiza la crisis del capitalismo neoliberal a nivel global, como sería lógico, la exacerbación del autoritarismo se expresa en lugares sociopolíticos privilegiados con mayor nitidez.

2.El neoliberalismo que llegó: de Washington a Buenos Aires

El neoliberalismo en la primera década del siglo XXI debe explicarse desde múltiples dimensiones.

La crisis y posterior abandono del CW, simultáneamente la puesta en marcha del menos conocido, pero no por ello menos influyente "Consenso de Buenos Aires" (CBA, sintetizado por el mexicano Jorge Castañeda y el brasileño Roberto Mangabeira Unger en 1998, alrededor del llamado Grupo Mangabiera, en el cual participaron figuras políticas como Lula Da Silva), son hitos cruciales a la hora de abordar la renovación de la hegemonía neoliberal hoy por hoy reinante. Este es un consenso económico central para los denominados neodesarrollismos apuntalados desde el Cono Sur del subcontienente en el siglo XXI, y clave política fundamental para el proyecto "progresista" latinoamericano que pretende recrear el Capitalismo "en serio".

El tránsito hacia el Consenso de la Regulación en el neoliberalismo, hoy realmente existente, tiene como plantilla los cambios (tácticos) agenciados por el CBA al nivel de los horizontes políticos específicos y los programas de políticas públicas que renuevan (estratégicamente) el proyecto político neoliberal en general, garantizando su continuidad.

Esquemáticamente, las contribuciones ideológico-políticas del CBA que vienen siendo materializadas durante la primera década del presente milenio formularon:

1) A nivel general, el CBA consolida el paradigma histórico del neoliberalismo, aunque ahora aggiornado por una variedad de elementos neoliberal desarrollistas.

Relegitimar el proyecto neoliberal a través de la "democratización" de la Economía de Mercado. El Desarrollo debería basarse no sólo: a) en el crecimiento económico, sino también estar construido complementariamente a partir de b) la equidad (social) y c) la democracia (política). Es un tránsito desde el Capitalismo salvaje hacia el Capitalismo del Buen salvaje, es decir, neoliberalismo más (algo de) inclusión social.

Consolidar la fórmula política neoliberal de la centralidad del Mercado como el dispositivo –por antonomasia– para la (re)producción de las relaciones sociales. El propósito máximo, la construcción de una Sociedad de Mercado bajo los tres elementos anteriores, antes que diluirse se consolida.

i. A nivel específico, el CBA innova las (viejas) ideas y praxis del neoliberalismo del CW, planteando:

Llevar la desregulación (absoluta) de los mercados hacia la regulación estatal en distintos campos. Lo anterior no debe confundirse con "intervencionismo estatal" pues se dispone que las instituciones y políticas estatales simplemente tendrán un papel proactivo (v.gr., en política comercial y tasa de cambio).

El Estado entraría a jugar un rol fundamental –proactivo, aunque subsidiario y funcional– dentro de la construcción de mercados (fuertes) asegurando la planificación descentralizada de carácter público-privado. Aquí, por ejemplo, "nuevos" instrumentos de política pública como las asociaciones público-privadas (alianzas entre el Estado y empresas privadas, por ejemplo) son claves para abandonar, entre otros, los agotados esquemas de privatización (explícita), institucionalizando la desprivatización estratégica (privatizaciones implícitas, más rentables, pues el riesgo sistémico (creciente) ahora se socializa a través del Estado mientras las ganancias siguen privatizándose).

Las políticas "sociales" –en realidad, se trató de simples medidas públicas (v.gr., transferencias monetarias condicionadas)– diseñadas e implementadas desde el Estado resultan ser centrales. Su objetivo está lejos de atender las problemáticas sociales estructurales (reincorporación social) sino que pretenden "enraizar" soluciones basadas en las lógicas de mercado. Es lo que denomina: las "fallas de mercado", eufemismo para referirse a los resultados societales del neoliberalismo (incrementos de la pobreza, indigencia, desempleo, desigualdades, miseria generalizada, etc., y sólo hablando de aspectos socioeconómicos), los cuales eventual y progresivamente pondrían en riesgo la construcción de la sociedad de mercado. Por ello, el lema de la 'inclusión' social en tiempos del emprendimiento individual es la nueva bandera neoliberal que condiciona derechos y disuelve todos los rastros de las ciudadanías.

El neoliberalismo del Consenso de Buenos Aires parece encontrar hoy sus límites. Sugiere haber culminado con su propósito de estabilización socioeconómica, continuando con la trayectoria de neoliberalización, la cual hoy pretende ser agenciada por los nuevos gobiernos de la ultraderecha latinoamericana y caribeña con el objetivo de trascender la vigencia de este proyecto político de clase.

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