REBATIR LA PEDAGOGÍA DE PAZ DESDE LA PEDAGOGÍA PARA EL CONFLICTO Y LA ORGANIZACIÓN SOCIAL

Presentación Hablar de “pedagogía de paz” en Colombia se ha convertido en los últimos añosen uno de los lugares comunes de los activistas defensores del proceso de paz, de académicos e intelectuales y de distintos tipos de actores sociales y políticos que, motivados por su interés manifiesto de salvaguardar el anhelo de paz de la mayoría de los colombianos, han utilizado esta expresión de manera indistinta, haciendo alusión a diferentessignificados,lo cualderiva en un estado de indefinición del término que genera consecuencias negativas sobre la eventual posibilidad de organizar y poner en marcha una agenda común de prácticas pedagógicas orientadas por objetivos comunes.

El propósito de este artículo, más allá de entrar en discusiones “técnicas” y políticas sobre lo pedagógico y las distintas concepciones que sobre la paz existen, es evidenciar algunas de las acepciones más comunes del uso de esta expresión en el actual contexto político del país, para posteriormente discutirlas a propósito de la socialización de algunas líneas propositivas para la construcción de una agenda común de trabajo pedagógico comprometido con la defensa acérrima del Acuerdo General de Paz y su respectivo proceso de implementación.

Algunas acepciones comúnmente utilizadas

En el marco de las conversaciones entre el Gobierno Nacional y las FARC – EP uno de los principales significados utilizadossobre el término “pedagogía de paz” fue el relacionado con procesos de socialización del estado de la discusión del proceso de negociación y de sus principales alcances de cada uno de los acuerdos parciales que se lograron a lo largo de los años de trabajo entre las delegaciones en La Habana. Al respecto, es posible identificar una extensión actual sobre esta idea de lo que se considera como “pedagogía de paz”, la cual tendría que ver con la socialización de lo contenido en el Acuerdo de Paz firmado en el teatro Colón entre el Presidente Santos y el comandante guerrillero Timoleón Jiménez, la amplia difusión del momento actual de implementación de lo acordado y sus respectivas vicisitudes políticas, normativas y procedimentales, y la puesta en discusión con la ciudadanía de los enormes beneficios que traería para el conjunto de la población colombiana la cabal ejecución de lo acordado con la insurgencia de las FARC – EP.

Otra de las propuestas en boga en este contexto político del país se ha retomado de los desarrollos disciplinares de la psicología. Ésta se evidencia en distintas propuestas, institucionales y extrainstitucionales, autodenominadas de pedagogía de paz que aluden a un propósito común de desarrollar procesos de enseñanza – aprendizaje, de generación de “competencias ciudadanas” o compartimientos y actitudes en distintos tipos de sujetos y contextos para la eliminación de las causas, las consecuencias o las expresiones materiales y simbólicas de los conflictos humanos. En estos escenarios nos encontramos ante propuestas de orden psicosocial que persiguen objetivos de moldear la conducta humana en virtud de controlar los llamados desórdenes comportamentales y sociales presentes en las comunidades contemporáneas.

También vale la pena hacer alusión en este grupo de propuestas de “pedagogía de paz”, las relacionadas con las dinámicas de enseñanza hacia la población en proceso de reincorporación a la vida civil. A este respecto han sido múltiples las organizaciones e instituciones educativas de distintos niveles que han elevado sus propuestas al Ministerio de Educación Nacional para lograr convenir distintos tipos de contratos y así percibir ingentes sumas presupuestales relacionadas con la incorporación de esta población a sus bases de matrículas. Se trata entonces de un grupo de dinámicas pedagógicas institucionalizadas que buscan fundamentalmente insertar a los miembros de las FARC – EP en las dinámicas urbanas del mercado laboral como resultado de la preparación básica, media y, en algunos casos, profesional.

El último grupo de propuestas relacionadas con el término en cuestión tiene que ver con todas aquellas derivadas de la propuesta de Plan Nacional de Educación Rural construida por el Ministerio de Educación Nacional. En este grupo, grosso modo, se comprende la “pedagogía para la paz” como un conjunto de medidas gubernamentales encaminadas a cualificar las condiciones estructurales del sistema educativo que ha estado marcado por una gran desigualdad entre las zonas urbanas y rurales del país. Sobre este punto es necesario recalcar que a la fecha la propuesta que se ha presentado a la Sociedad Civil de este plan cuenta con una muy baja o nula participación ciudadana en su construcción y está orientada fundamentalmente por las medidas gubernamentales que se siguen caracterizando por su corte neoliberal yel desinterés por solucionar de fondo las principales problemáticas del país.

Hacia una mirada propia de pedagogía para el conflicto

Trascender las miradas de la pedagogía de paz anteriormente señaladas implica asumir, como primera medida, la necesidad de entender que parte importante de la condición humana está caracterizada por su carácter conflictivo. En consecuencia, esta propuesta busca asumir que los distintos intereses de los actores de la disputa política del país signan el contexto, las dificultades, las limitaciones y las eventuales posibilidades de la edificación de una Colombia en paz como consecuencia de la construcción efectiva de un sistema realmente democrático, en la medida en que, como se evidencia en distintas investigaciones de múltiples disciplinas, el sistema político colombiano carece realmente de los principales cimientos de un ordenamiento propiamente democrático.

Así, este documento busca trascender las miradas románticas de la pedagogía de paz que suponen la eliminación del conflicto humano o las contradicciones. Al contrario, el país hoy más que nunca demanda la ejecución de planes educativos motivados por la necesidad de educar para la democracia, para la conflictividad política, para el respeto y valoración de las ideas de los contrarios. No se trata de intentar menguar las características conflictivas de los seres humanos; por el contrario, se busca entonces hacer uso del conocimiento de estos rasgos para potenciarlos en el marco del debate argumentativo capaz de interpelar, problematizar y criticar sin hacer uso de las armas para eliminar al contrincante.

Otro de los elementos interesantes para reflexionar sobre esta idea está relacionada con la importancia cardinal de resignificar el papel de los miembros de las FARC – EP en el contexto educativo derivado del posacuerdo. Sobre este punto es clave mencionar que en el marco de los desarrollos de la guerra estos hombres y mujeres lograron captar una cantidad valiosísima de importantes saberes y conocimientos que como sociedad necesitamos. Así, es necesario identificar cada una de las potencialidades pedagógicas de estas personas a las que deben considerárseles como eventuales profesores o docentes de paz. Necesitamos entonces plantear una propuesta que supere la idea del excombatiente estudiante, y nos permita entender el papel del excombatiente que enseña, que comparte su enorme experiencia sobre distintas temáticas y campos, sobre contextos territoriales e históricos que como sociedad hoy más que nunca debemos incorporar.

Esta propuesta busca, además, identificar en las organizaciones y movimientos sociales y políticos un bastión trascendental para su puesta en marcha. Hoy más que nunca es la sociedad colombiana la llamada a movilizar recursos de todo tipo para defender la implementación de los acuerdos. En consecuencia, es de vital importancia superar las miradas (por cierto, importantes) de la socialización de lo pactado, del estado de la implementación y los eventuales beneficios de su respectiva ejecución en función, para pasar a ejercicios de organización social que aglutinen fuerza para la defensa efectiva como consecuencia de un capital organizativo valioso para el campo popular del país. Esta es entonces una propuesta de pedagogía para la conflictividad social que busca retomar de los manuales clásicos de la propaganda política elementos importantes para la organización educativa en defensa de la paz en el país.

Por último, y en relación con el elemento anterior, valdría la pena plantear la necesidad de construir una agenda reivindicativa de procesos organizativos de estudiantes, docentes, empleados de las plantas administrativas de las instituciones educativas de distintos niveles, miembros de las FARC - EP, y en general de todo aquel que quiera desplegar una lucha frontal contra las condiciones actuales del sistema general de educación en el país. Se trata entonces de hacer valer las enormes posibilidades que abre el Acuerdo de Paz en términos educativos y pedagógicos para transformar las características de desigualdad y desfinanciación de este sistema educativo que ha echado raíces en la implementación del modelo neoliberal.

La pedagogía de paz en esta perspectiva es una propuesta integradora de distintas dimensiones: la conflictividad como esencia de las relaciones humanas; la necesidad de democratización de la sociedad colombiana como horizonte del ejercicio pedagógico; el papel de educadores que deben ejercer los excombatientes; el rol clave que juega el movimiento social en la pedagogía que debe trascender la socialización de lo acordado, llevando asía construir organización social para la defensa de lo pactado; y por último, una pedagogía que se movilice y genere propuestas para superar las condiciones deplorables del sistema educativo colombiano. Estos elementos nos permiten señalar que la pedagogía para la paz busca disputar la hegemonía política nacional como resultado de un proceso organizativo sólido que construya objetivos comunes, que ponga en diálogo distintas trayectorias de todos los actores que anhelen ver nacer en Colombia una educación crítica y realmente transformadora.

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Sergio Fabián Lizarazo Vega

Trabajador social de la Universidad Nacional de Colombia, magíster en educación de la Universidad de Los Andes y estudiante del doctorado en Ciencia Política de la misma universidad. Investigador social. Trabaja temas de educación popular, pedagogías críticas, evaluación de programas universitarios, teoría política y política colombiana. En su carrera académica se ha desempeñado como profesor de la Universidad de Los Andes y de la Universidad Cooperativa de Colombia. Asesor de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura – OEI, para en el proceso de reincorporación social de las FARC – EP. Miembro del grupo de investigación “Política contestataria, producción de sujetos políticos y construcción de ciudadanía”, de la Universidad de los Andes.

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