La difícil tarea de la lucha por la memoria y la verdad

La difícil tarea de la lucha por la memoria y la verdad Fuente: http://www.elespectador.com/sites/default/files/mono_jojoy_2.jpg

Hace un par de días el partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común – FARC, hizo pública, en su cuenta de Twitter, una invitación a un acto público de homenaje a Jorge Briceño, más conocido como el “Mono Jojoy”, que se llevó a cabo el día viernes 22 de septiembre, a las 11:00 am en el cementerio El Apogeo en la ciudad de Bogotá. En la imagen que acompaña el mensaje se lee “Homenaje a toda una vida de resistencia y compromiso con una Nueva Colombia”. Este hecho ha convocado a un ingente número de personas a discutir sobre la pertinencia de este tipo de espacios que, en última instancia, evidencian el momento crucial por el que atraviesa el país: la hora definitiva de la disputa por la construcción de la memoria y la verdad de, como mínimo, poco más de la última mitad de siglo de la historia nacional.

En este contexto, más que nunca, sale a la luz la enorme cantidad de necesidades que tenemos como sociedad para satisfacer las demandas más básicas, pero al mismo tiempo las más estrictas, de toda democracia. Valores tan aparentemente simples como el respeto por la diferencia del adversario y la totalidad de sus ideas, parecen quimeras incluso innombrables en un país en el que los medios de comunicación no han sido simples relatores objetivos de la confrontación, sino que han tomado partido abierta y explícitamente, construyendo matrices mediáticas de desinformación que en lo único que han derivado es en la absoluta desinformación y polarización del país, en la construcción de una opinión pública sesgada, desconocedora de las características históricas de la confrontación entre las fuerzas insurgentes y el Estado colombiano, y por supuesto, de los rasgos esenciales y la historia de los miembros de las guerrillas.

Así, ha sido claro que no somos capaces de valorar el diálogo y la lucha de ideas tan necesarios en el debate democrático. Mensajes absolutamente salidos de tono y cargados de odio se dejan ver y proliferan por los amplificadores de las redes sociales y de la gran prensa escrita y televisiva a propósito del homenaje a Briceño. ¿Por qué no paramos de intentar eliminar la voz del otro y escuchamos lo que ella tenga por decirnos? ¿A qué le tememos de esa historia que nos será contada por unos hombres y mujeres, hoy desarmados, que están buscando a toda costa contar su versión de los hechos? ¿En dónde radica el problema de que un grupo político legal realice un acto conmemorativo a un hombre que considera héroe de su lucha y su resistencia? ¿En dónde radica la ofensa a las víctimas del conflicto cuando justamente lo que uno puede observar es una organización dispuesta cabalmente a contar la verdad de lo sucedido, reconociendo sus errores, pidiendo perdón a quienes hicieron daño en ocasión del conflicto y ofreciendo todo tipo de reparación? ¿Por qué en vez de amplificar mensajes de odio no nos disponemos para escuchar historias que nos muestran algo de una Colombia que seguramente no conocemos? ¿Por qué no nos permitimos que un relato de la memoria que desconocemos nos mueva todos nuestros cimientos estereotipados de rencor para que el corazón se entregue al perdón y a la reconciliación que tantos rezaron hace unas semanas con el mensaje del papa Francisco? ¿Así de rápido se nos olvidó la tarea que nos dejó como país?

Hoy nos enfrentamos a un escenario de confrontación política único y vivificante para el sistema político nacional y para la sociedad en su conjunto. Nos enfrentamos a un momento en el que un número muy significativo de las armas ha sido sacado de circulación para fines bélicos, abriendo caminos hacia la posibilidad de edificar una Nueva Colombia. ¡Aprovechemos esta oportunidad histórica juntos! Es cierto que demandamos avanzar, más que nunca, hacia la reconciliación nacional abriéndonos al diálogo, compartiendo nuestros puntos de vista antagónicos sin violencia, debatiendo intensamente, poniéndonos en el lugar del otro, escuchando atentamente sus relatos, permitiéndonos disputar el poder sin pasar por encima del otro a toda costa, intentando comprender las características atroces de cualquier confrontación armada y sobretodo, comprendiendo que una paz estable y duradera sólo será posible el día que nos permitamos la más férrea y frontal confrontación de ideas sin la eliminación física sistemática, como tristemente aún hoy sigue ocurriendo con cientos de líderes sociales, defensores de Derechos Humanos y miembros del nuevo partido político FARC.

Quizás hoy más que nunca valga la pena recordar aquellas hermosas palabras del maestro Estanislao Zuleta, quien nos insistía con absoluta claridad en las primeras páginas de su texto El Elogio de la Dificultad, que quizás parte importante de nuestro error como sociedad esté en la manera en que deseamos. Hoy su mensaje es cuando menos altamente pertinente: “Deseamos mal. En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor y, por lo tanto, en última instancia un retorno al huevo. En vez de desear una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de satisfacción, una monstruosa salacuna de abundancia pasivamente recibida”.

Optemos por la dificultad. Nadie dijo que sería sencillo, ni que en la facilidad estaría lo realmente gratificante y reconfortante. Los vericuetos de la dificultad siempre son los más satisfactorios, los más esperanzadores, y casi siempre ellos se encuentran en nosotros mismos. Optemos por la dificultad como proyecto nacional, por la reconciliación de la familia colombiana a partir de un escenario de disputa por el relato de lo que realmente sucedió en el marco de la confrontación armada. Optemos por la dificultad mirándonos a los ojos entre contrincantes políticos, entre quienes pensamos y disputamos proyectos políticos irreconciliables. Optemos por desear una sociedad que trabaje arduamente por la posibilidad de cesar definitivamente la horrible noche de la guerra, intentando comprender al otro, y sobretodo, disputando el nuevo país que está contenido en el acuerdo final de paz, y que nacerá en tanto defendamos a cabalidad todos sus instrumentos y mecanismos legales e institucionales diseñados con juicio por sus artífices para que la verdad histórica aflore como producto de la disputa por la memoria.

Bienvenida la lucha democrática y en paz por la memoria y la verdad en Colombia. Este es el planteamiento que es posible suscribir como resultado de una reflexión serena sobre la pertinencia de que el nuevo partido político legal FARC convoque a cuanto acto público le parezca. Están en todo su derecho de honrar sus reminiscencias, a disputar la memoria nacional ¡Cuánta falta le hacía al país! Bienvenida la posibilidad de transitar a una Colombia en la que se dispute, sin armas y sin violencia, la construcción de relatos que reconforten los espíritus de la totalidad de las víctimas del conflicto; bienvenida una Colombia en la que todos y todas podamos llorar y honrar a nuestros muertos sin perjuicio alguno. Bienvenida una Colombia que, mirándose toda junta al espejo retrovisor de su pasado, tenga la tranquilidad, la fuerza y el coraje para unida como nunca en la historia pueda gritar ¡Nunca más! ¡nunca más! ¡Nunca más! a las atrocidades de la guerra. Bienvenida la paz y la democracia; bienvenida la lucha por la memoria y la verdad.

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Sergio Fabián Lizarazo Vega

Trabajador social de la Universidad Nacional de Colombia, magíster en educación de la Universidad de Los Andes y estudiante del doctorado en Ciencia Política de la misma universidad. Investigador social. Trabaja temas de educación popular, pedagogías críticas, evaluación de programas universitarios, teoría política y política colombiana. En su carrera académica se ha desempeñado como profesor de la Universidad de Los Andes y de la Universidad Cooperativa de Colombia. Asesor de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura – OEI, para en el proceso de reincorporación social de las FARC – EP. Miembro del grupo de investigación “Política contestataria, producción de sujetos políticos y construcción de ciudadanía”, de la Universidad de los Andes.