FARC-EP: Memoria y verdad

FARC-EP: Memoria y verdad Fuente: http://pacifista.co/por-que-son-importantes-las-conferencias-de-las-farc/

El eje central del Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera firmado en el Teatro Colón, se caracterizó por tener a las víctimas como los protagonistas, esto como una forma de reparación y al mismo tiempo con el fin de concentrar la mirada durante el diálogo hacia los principales afectados. Sumado a esta perspectiva, se estableció que en el surgimiento y reproducción del conflicto han participado múltiples actores con diversas responsabilidades, que a pesar que no fueron señalados o tipificados podrían encontrarse desde los grupos armados legales e ilegales, los medios de comunicación, los empresarios, hasta los políticos y en general sectores particulares de la sociedad civil.

Es así, que como existieron grupos responsables de diferentes hechos que generaron victimización, es necesario caracterizar que varios de estos actores en la dinámica de la confrontación armada, donde vienen y van las balas, la retaliación y las acciones bélicas, al mismo tiempo fueron víctimas atrapadas en la violencia; es un planteamiento que termina equilibrando la participación y deja de recargar todo sobre uno u otro actor, llevándonos así a un ejercicio honesto y real de reparación y reconciliación.

Para abordar este tema se propone una definición de la violencia a partir de su carácter directo o físico, y aquella que es indirecta o psíquica, partiendo de la definición de Johan Galtung (2006), que señala que la violencia es la imposibilidad que las personas tienen en su realización debido a una serie de fenómenos evitables dentro de una sociedad, que termina por incentivar que en algún momento se pase a formar parte del grupo generador de actos violentos que impedirán la realización de otras personas. Esta visión se complementa con la propuesta de Maturana (1997) cuando establece que todo acto que niega física o psíquicamente a otro se vive como maltrato, en donde hay unas acciones que intentan o de hecho obligan a otro física o psíquicamente a vivir lo que no quiere.

Lo anterior para darle un marco interpretativo a lo que ha sido la construcción y el tratamiento del enemigo en Colombia, en donde a partir de la utilización del discurso como un espacio de confrontación se ha tendido a deshumanizar y desubjetivar al contrario, nombrándolo no solo como rival, sino como bandido, terrorista, monstruo, maleza, bestia, demente, entre muchas otras adjetivaciones, con la única meta de crear una matriz de opinión que sustente su exterminio bajo cualquier método y precio.1

Es desde allí que habrá que poner sobre la mesa el discurso manejado por todos los actores, que para el caso del construido sobre las FARC-EP ha sido desde la hegemonía de su contradictor, en algunos momentos de la historia reconociéndolo como un enemigo político y en el otro como uno absoluto, en el que es imperativa su aniquilación.

Visto lo anterior, cuando identificamos las afectaciones negativas en el contexto social, comunitario o cultural que a causa del conflicto armado sufren las comunidades, grupos u organizaciones (sociales o políticas) y que tienen formas vigentes de sufrimiento o afectación, es necesario ubicar la de todos los actores y en todas las direcciones, que para el caso de las FARC-EP también como receptores de violencia, están enmarcadas dentro de la edificación de su imagen deshumanizante para sustentar su exterminio incluyendo cualquier método.

Es entonces que las condiciones olvidadas u ocultadas que inciden sobre su imagen, también están asociadas a la percepción de sufrimiento, la perdida y transformación negativa de la vida de los guerrilleros, el menoscabo de los recursos para afrontar el futuro o para construir el proyecto que se tenia antes que sufrieran los hechos violentos a causa de la violencia estatal o para-estatal, e inclusive a causa de la violencia estructural por la falta de condiciones básicas de vida en el campo y ciudades que los llevan a ingresarse y convertirse en combatientes.

La verdad: transito de una Colombia en guerra a la paz

La Fiscalía General de la Nación entiende el derecho a la verdad como un inalienable que tiene la sociedad, en especial las víctimas de conocer la realidad sobre los hechos cometidos por los grupos armados, sus autores y las causas, saber que sucedió con sus familiares desaparecidos o secuestrados y el paradero de los mismos. La verdad, según la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, desde la justicia transicional esta se debe entender no solo como un derecho individual sino también colectivo.

El derecho a la verdad tiene que ver con la memoria, aquella facultad de la cual deben gozar las sociedades para enfrentar un pasado. Solo así será posible crear escenarios de reconciliación en sociedades profundamente fracturadas, divididas o enfrentadas. El objetivo es reconstruir la confianza entre todos los actores, incluyendo las instituciones y los ciudadanos, por tanto la participación de la sociedad en general es determinante para obtener una conciencia colectiva de lo sucedido.

Tenemos el reto de lograr que bajo la memoria y la verdad de los capítulos de la guerra vividos por esta guerrilla, se termine de reconocer la organización política y las comunidades que han tenido que ver y han sufrido un daño colectivo, posibilitando su inclusión como ciudadanos, la reconstrucción del tejido social en relación a sus integrantes, por supuesto la devolución de la confianza en el Estado por parte de una guerrilla de aproximadamente 10.000 integrantes (según el ultimo censo), así como también la recuperación y el fortalecimiento del Estado Social de Derecho.2

El ejercicio de recopilación de las memorias de los miembros de esta guerrilla y de la reconstrucción colectiva de su memoria como organización, deberá acercarse a la resignificación del imaginario que se tiene sobre la misma, atendiendo a temas de reclutamiento, sexualidad, ejercicios económicos, relación con la población civil, hechos históricos y por supuesto también las acciones bélicas.

Estaríamos hablando de reconstruir un pedazo de la historia del país, en donde a partir de la población civil, es decir las comunidades que durante tantas décadas tuvieron contacto con esta organización y en efecto también los mismos insurgentes, se tenga la meta de descubrir la verdad y la memoria desde la narración, identificando al mismo tiempo los compartimientos que llevaron a la sociedad colombiana a reafirmar bajo cualquier mandato su exterminio. La voz de las comunidades darán otro lugar de memoria en temas productivos-económicos-ambientales, la participación política y ciudadana, y por supuesto en el ejercicio bélico en sus territorios.

La memoria entonces se convertiría en una forma de reparación política, en la cual se apunte a remediar los daños causados en el uso del lenguaje, el discurso y la imagen de la organización en la esfera pública y política, en la democracia y los derechos políticos, todo lo anterior con el objetivo de garantizar el ejercicio pleno de la ciudadanía de combatientes en reincorporación, la no repetición y la reconstrucción de confianza.

Sería además un escenario de proyección participativa, en donde a partir de la recopilación y la reconstrucción de la memoria, los receptores de violencia se organizan en clave de narrar y reconocer la historia inmediata, empoderándose para superar la etapa reciente por medio del ejercicio testimonial y expresivo. No se está hablando únicamente del reconocimiento del hecho o acto violento, se habla de las dinámicas, condiciones, relaciones y actores que dieron origen a una organización que se declaró en rebelión contra el Estado y asumió la confrontación armada como herramienta de disputa.

Reflexión

Se necesita el compromiso de reconocer las responsabilidades del daño causado, en este caso por parte del Estado. Es hora que de acuerdo a las condiciones y características particulares de nuestro conflicto, dejemos la timidez y los preceptos morales a un lado, superando la visión sobre las víctimas de primer y segunda categoría, y empecemos a hablar de un nuevo concepto que seguro contribuirá a la interpretación de futuros conflictos no solo en el país y en el mundo, el de victima-victimario o receptor-causante. Solo esta interpretación posibilitará entender que el desarrollo de los conflictos no es lineal, ni blanco ni negro, es mucho mas complejo y multidimensional de lo que se ha querido ver, solo así será posible un verdadero cierre de ese capitulo que nadie espera repetir.

No consiste en condenar y reafirmar, o por el contrario negar y sobresaltar la historia del grupo insurgente, se refiere a un ejercicio consiente, riguroso e imparcial que le permita a Colombia conocer al grupo guerrillero desde sus entrañas, como una forma de reparación hacia sus miembros, hacia la organización, pero también hacia la sociedad colombiana que tanto merece conocer su historia.

No estamos hablando tampoco de reconocer la memoria de las FARC-EP en términos de la importancia de su aporte a los movimientos revolucionarios a nivel mundial, o al marxismo leninismo con los 53 años de lucha, el partido político que nacerá en el marco de la implementación de los acuerdos de paz, los movimientos sociales y organizaciones comunitarias respaldadas, o sus estructuras clandestinas militares y civiles, estamos hablando sobre todo de su reconocimiento como seres humanos y sujetos que hicieron parte de un conflicto que requieren su justo lugar en la memoria y la historia del país.

Si hemos establecido la necesidad de esclarecer el fenómeno paramilitar, es imperativo que en el ejercicio transicional ahondemos y escudriñemos el movimiento insurgente en Colombia, de tal manera que desmitifiquemos y desnaturalicemos cada uno de los imaginarios que hemos creado y se nos ha ido moldeando a través de la historia. Como bien lo destaca el profesor Jefferson Jaramillo, el campo de la memoria es un campo que carece de neutralidad, donde se desarrollan tensiones políticas que hacen variarla de acuerdo al contexto, algo que no se podrá negar por mas que lo anhelemos, sin embargo, Colombia debe estar a la altura del momento histórico y evitar que en esas disputas, se pierda la oportunidad de la verdad.

Referencias:

1 Como es señalado y definido a partir del concepto de enemigo absoluto en el texto “La construcción del enemigo en el conflicto armado colombiano 1998-2010” del Instituto de Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia.

2 Características contempladas por la Unidad de Victimas dentro de los objetivos de la Reparación Colectiva en Colombia.

Bibliografía:

Galtung, j. (2006). “Trascender los conflictos. La perspectiva de Johan Galtung”. En revista Futuros N13. www.revistafuturos/info/futuros13/trascender_conflictos

Maturana, H. (1997). “Violencia en sus distintos ámbitos de expresión”. Chile. Dolmen

Camacho, A. Ucros, M. (2009). “Huella del silencio”. Trabajo de grado para optar por el titulo de Magister en comunicaciones. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, Colombia.

Jaramillo Marín, Jefferson (2010). “La reconstrucción de la memoria histórica del conflicto colombiano en el actual proceso de Justicia y Paz. Alcances, desafíos y preguntas”, en Desafíos, Vol. 22 No. 2, Universidad del Rosario. Bogotá́, pp. 31-70.

Grupo de Investigación sobre Conflictos y Violencias (2015). “La construcción del enemigo en el conflicto armado colombiano 1980-2010’”. Silaba editores. Medellín, Colombia.

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Nicolás Andrés Uribe Rivera

Trabajador Social de la Universidad Externado de Colombia. Especializándose en Cooperación Internacional y Gestión de Proyectos para el Desarrollo de la misma universidad. Su trabajo académico e investigativo se centra sobre las dinámicas del conflicto armado colombiano, la recuperación de la memoria, la Acción Integral Contra Minas Antipersonal y la búsqueda de alternativas para la construcción de paz. Experiencia de trabajo comunitario con organizaciones sociales en Derechos Humanos, Derecho Internacional Humanitario, fortalecimiento organizativo y construcción de alternativas al desarrollo. 

Investigador del Equipo Colombiano de Investigación en Conflicto y Paz

Correo electrónico: n.uribe.ecicp@gmail.com

Sitio Web: twitter.com/@N_A_U_R