Julián Orjuela Benavides

Después de la dejación de armas de las FARC-EP, los gestos de paz le corresponden al Estado colombiano, ahora su deber es contribuir a desarmar y desminar la conciencia colectiva de la sociedad colombiana, minada de muerte y barbarie como único e inevitable destino, en un especie de esquizofrenia colectiva que nos reproduce un lugar de preocupante confort, en el que los surcos de nuestra historia patria se han bañado de sangre humilde y campesina por todo nuestro territorio. Esquizofrenia, de la cual intentamos escapar con esta nueva oportunidad para reconciliarnos como sociedad, que nos brinda el acuerdo de la Habana. Para este propósito, es necesaria la desmilitarización de la vida civil en la que nos encontramos aún y de la que no quiere salir el sector políticoque representan los expresidentes Uribe y Pastrana, empeñados en hacer trizas la nueva Colombia que empieza germinar.